Mariposas Negras

Mariposas Negras

INDICACIONES: Solución estéril para la limpieza de los ... nervios esplácnicos mayores, esplácnicos menores, inferiores, vagos y frénicos IZQUIERDOS. Su presentación en unidosis permite una utilización práctica.

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MACONDO

"Lluvia caía desde lo alto de aquel precipicio, al otro lado de la escalera. Era extraño…
¿Cómo podía llover al otro lado de la escalera de esa forma?
Tal y como lo había soñado aquel día, en que, un hechicero, me dijo que iba a soñar con aquello.
Conjuró a los dioses entre ungüentos y rezos, y me rebeló el presagio.
El precipicio era alto como el mundo, carente de edad…
y generoso en agua manada, se alzaba hacia la infinidad del crepúsculo. Y lluvia, caía sin dejar ni un solo
aliento para los que habitan aquel pueblo, el pueblo de mis sueños. Y de pronto, todos salieron de sus casas.
Miraron hacia el fondo del precipicio con solemnidad, alzaban la vista para comprobar la revelación.
Y empezaron a sonreir. todos sonreían. Yo, inquietado por la visión que admiraban, miré.
Entonces comprendí, el porqué de la buena nueva. El maná chorreaba sus jugos a aquellos afortunados
que habitaban allí, dónde mis sueños... y sólo allí.  Aquí, al otro lado de la escalera, no pasaba nada,
absolutamente nada. Saltaban, retozaban al compás de las gotas percusivas, tarareaban y gozaban
de aquel festín. Rostros alucinógenos fuera de control ante la belleza de aquella quimera.
Aquel pueblo triste que habita en mis sueños, de repente, floreció. Murió toda aquella perpetua melancolía
que lo asolaba, y en un instante, parecía que no hubiesen pasado cien años de soledad por encima
de la frente de aquel pueblo, él de mis sueños. Y lluvia reía, y llovía más y más. Y seguía riendo y seguía lloviendo.
No pude retener mis pies y mi corazón, que se fueron tras aquel pueblo de ensueños. Escaparon a mi control.
Corrí desesperadamente para llegar al otro lado de la escalera, pero, al igual que en mis sueños, no terminaba de cruzarla nunca. Corría y corría y nada, era infinita. Cuando por fin logré pisar un charco, cesó, paró súbitamente.
Y tras uno segundos de perplejidad, todos volvieron a sus casas felices, exaustos, lo llevaban grabado en la cara, en la mirada, en la sonrisa… y yo, miré al cielo en busca del fondo de aquel precipicio,
en busca del maná, en busca de lluvia. Pero no llovía, se difuminó con la velocidad el aleteo de las alas
de un colibrí que huye delas garras del halcón que colecciona rarezas.
Volví a izar la mirada, pero, en el cielo,  no había más que unos nimbos solitarios vagando
al compás del melódico viento. Y un sol que demoraba ya por el ocaso.
Y lloré. Y clamé. Pedí sólo un segundo más de encanto, un instante más de inmensidad. Pero nada pasó. Nada.
Aquel pueblo dónde se desarrolló aquel sueño, es Macondo. Sí, ese. Ese mismoes al que me refiero...
en el que vivió la familia Buendía, Cien Años De Soledad. En mis sueños, el que más feliz de todos aquellos a los que vi
bailando bajo la lluvia, era Jose Arcadio Buendía.
El patriarca de aquella dinastía. También logré ver a Ursula, a Amaranta. Todos aquellos personajes que traía
con el paso de cien años, a cuenta gotas, una vieja cigüeña llamada Gabriel García Márquez.
Incluso sonreía aquel muchacho, sí, el que siempre andaba enfadado y regañando con todo el mundo. También osó a pelear con el propio
García Márquez, renegaba de su cuna y de su tinta,
y proclamaba a los cuatro vientos que era “Mejicano por gracia de Dios”.
Pobre diablo, el tal Juancito. Pues, incluso él, que no fue capaz de mostrar ni un átomo de afecto a lo largo de su existencia, sonreía.  Eso sí, Lluvia, mientras marchaba me susurró.
Me contó de azares entre las prisas, de su nombre y poco más. Decía, que era del mundo por que su familia era del mundo, y que, no tenía edad. ¡Claro! ¿Cómo va a tener edad? Era lluvia.
Pero nada pasó. seguí proclamando la fuerza de la naturaleza.
Gritando a los cuatro vientos que pasaban por allí.
supliqué hasta a aquel mal rayo que me partiera. pero nada pasó.
Y quedé sólo y la sequía llegó. Quedé sólo… y la sequía llego..-"

Para Volga, con todo el cariño.

Escrito por el Jefe Cesar.


Quise definirte pero no me atreví. Gracias por Todo.
De tu siempre eterna Lluvia.

24/02/2004 16:56 Enlace permanente.

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