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Mariposas Negras
INDICACIONES: Solución estéril para la limpieza de los ... nervios esplácnicos mayores, esplácnicos menores, inferiores, vagos y frénicos IZQUIERDOS. Su presentación en unidosis permite una utilización práctica.
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Flores, flores... ahí viene regalando flores. Un día se me ocurrió regalar flores a una jardinera. La idea en principio y por lógica, no me parecía acertada del todo. El encanto de la flor ya lo conocía ella con tal riqueza de matices, que la generalidad que yo conocía de la ofrenda, resultaría muy simple para la amalgama imaginativa de la florista.La cosa es que desde aquella mañana en que cruzamos unos “buenos días”, todo se giró en mí, aquella mirada con esencia de azahar llenó mi sentido. Pensé en que especie podía ser la que se volviera singular a sus ojos. Quería que fuera singular el regalo para captar su atención. Reparé en las flores que llevan ya mensajes impresos por su historia. Nardos, rosas, claveles… pero seguían sin decirme nada. Luego, pensé en alguna variedad que quedara lejos de su alcance, esas flores que en nuestra tierra no se consiguen con facilidad. Pregunté a entendidos, recorrí los mejores edenes de pétalos que encontré, y cada vez estaba más afianzado la misma conclusión. No iba yo a encontrar una flor que ella quisiera, y que no hubiera buscado ya con empeño a lo largo de sus años de jardinera. Las opciones se me agotaban, me sentía cada vez más pequeño ante el reino de las floraciones, inferior, incompleto para embutirme en tal hazaña. Dudé en si seguir con mi obstinación. Quizá esa era la peor forma de sorprenderla. Podía también intentar escribirle algo, eso me reportaba mayor seguridad y resultaría más fácil el argumento. Pero no, algo me decía que el encuentro debía de ser vestido de pétalos. Trascurridas ya semanas en mi búsqueda, comprobé una mañana de domingo mientras paseaba por el mercado. Que el mundo de las flores había dejado de ser extraño y poco conocido para mí, me sentía familiar en el patio entre puestos que inundaban de aromas el aire. Ya las examinaba y entendía con una soltura y conocimiento, que incluso me permitía dialogar con los floristas acerca del estado de las bellas petunias y las orlas de sus pétalos, los giros olorosos de las azucenas, el tamaño de las margaritas, o los cambios de matices del color de las rosas según avanzaba la estación. Aprendí, sin darme cuenta, la melodía que hace que revienten los capullos para derramar los colores. Sin darme cuenta, reparé en que ya tenía tema de conversación con el intentar entablar cercanía con la florista. Seguí cumpliendo mi ritual de cada mañana. Pasar por delante de su jardín para ver la florescencia de su imaginación mientras cuida de sus flores, mientras las miraba con mimo y pasión. La chispa en la mirada sólo la tenía para sus amigas. Se podía leer en ese momento, que ellas eran toda su vida. Allí volcaba con esmero su pasión. Cuando apartaba su mirada de allí, se convertía de repente en la chica más triste de la ciudad. Fue lo que llamó mi atención desde el primer momento… la tristeza con la que ojeaba a todas las personas que barajaba su mirada. Todo lo que no fuera sus flores, tierra y vida, era parte de su desinterés, era nada. Y yo, pasaba todos los días a la misma hora porque sabía que saludarla a primera hora de la mañana era mejor que hacerlo a mediodía, estaba menos ensimismada, puesto que ya a esa hora estaba totalmente inmersa en su mundo y ni conocía a quién tropezaba. Todos los días a primera hora, mientras se preparaba para laborar, su tristeza me daba alegría para mi búsqueda diaria. Con los “buenos días” rutinarios, ya tenía para alimentar mi ilusión en la búsqueda de la flor que regalar a mi amada. Se me ocurrió estudiar las especies que habitaban en su jardín, quizá llevándome por esta serie, lograría deducir su siguiente empeño en la escala de su vergel de sueños. Cual era la siguiente flor que esperaba plantar en su huerto. Tuve que curiosear de noche, mientras dormía, para que nunca sospechara de mi empeño. Claveles, sirios, rosas de todos los colores, algunas orquídeas en lugar privilegiado, margaritas que se armonizan con el seto, algunos extraños tulipanes que parecen estar de vacaciones en aquel parámetro, manzanillas y azucenas que daban aires de libertad al entorno, y algunas otras de las que desconocía su virtud más que su belleza. Estaban en conjunto, maravillosas, parecía que con la llegada de la primavera, se hubiera declarado en aquel edén, fiestas patronales. Esta idea, lo único que hizo fue alimentar mi confusión, no encontraba ninguna correlación lógica en aquel jardín. No sabía como hacer que mi ofrenda llegara a estar plantada algún día en el huerto de mi paraíso. Que sintiera mi regalo como parte de si, como parte del aire. Estaba desconcertado, la lógica de su condición de florista no me dejaba descifrar sus suspiros. Cosa que era extraña puesto que ya, a estas alturas, conocía a todos los floricultores del mercado y sus entresijos que leí de sus librillos de eruditos del perfume y el color. Hasta aquel día en que reparé en el acierto. Yo soy pintor, cómo no me había dado cuenta antes. Ella era mi flor y solo tenía que cultivarla a mi manera. Pintarla en vez de plantarla, pincelarla en vez de hablarle, buscar los matices en la paleta y no en los abonos ni las palabras. La imaginé y de pronto sus manos se volvieron sépalos, sus brazos hojas, su cuerpo tallo, sus ojos estambres y sus pechos pétalos. Parecía como si todos aquellos días en que estuve divagando, hubiesen florecido de pronto en un reventón, como si todos los sueños, la imaginación y la perseverancia, detonaran en fragancias y colores al son de la primavera. Pinté como un poseso hasta que mi pasión se halló reconvertida al plano. Cuando terminé, caí en la cuenta de que había llegado la primavera a mi lienzo. Cuando lo tuve preparado, planeé sigilosamente la entrega de mi amor apostado en una pintura. Premedité palabras convertidas a tonalidades, para decirle que la pintura era ella, busqué las palabras, las sílabas, las comas precisas en pinceladas para contarle todo lo que me provocaba. Cuando tuve la ofrenda ovillada con hilos de seda y portada con alas mariposas que también saqué del ovillo, me armé de valor para realizar la entrega. Aquella noche no dormí pensando en que faltaban escasas horas para que mi amor supiera de mi travesía hacia ella. Cuando llegué a la vera de su jardín, advertí un bullicio anormal en el interior de su casa, en el camino que conducía a la puerta, había más flores que de costumbre, pero estas eran intrusas, extrañas a su paraje. Estaban todas organizadas en algunas coronas de malos presagios, con cintas malvas que las vestían y llevaban palabras de recuerdos. Cuando crucé el umbral de su puerta, un compañero florista suyo me contó lo ocurrido. Se había suicidado durante la madrugada. Los barbitúricos fueron su solución a un cáncer que acuciaba su existencia. Dejó escrito a sus amigos, que antes de marchitar como en época de otoño y esperar a que llegara el día en que ni pudiera cuidar de sus flores, prefirió zanjar de raíz y quedar plantada en el recuerdo como era. Y llevar su vergel en el alma de su nuevo destino. Recordar sus flores en el apogeo de la primavera. Plantada quedó en mi corazón de por vida. Con el beneplácito de su familia, desde entonces cuido de su jardín, al que acudo cada mañana para hablar de ella con los claveles, los sirios, las manzanillas, las azucenas, las orquídeas. Me cuentan lo grande que era. Y con un lienzo que reposa en la pared de su salón, paso también largas horas escribiendo y contándole que cada noche sueño con ella. Y cuando duermo las flores explotan, brotan, rebotan y flotan por toda la avenida… mientras ella se acerca desde lo alto de la calle… sonriendo… flores, flores, flores… ahí viene la jardinera regalando flores. 01/03/2004 23:22 Enlace permanente. Comentarios » Ir a formularioAutor: angel moreno Sabes lo orgullosa que estoy de todo lo que haces,siempre lo estaré...y siempre me sorprendes, aunque lo lea mil veces, gracias por el regalo. Recomiendo el relato de la perla. Macondo sigue creciendo...graaaaandeee. Saluditos,muuuaaak Fecha: 26/03/2004 00:02. Autor: Macondo El regalo es entender la historia. La perla, es regalo y nuestra historia con final inconcluso. y un privilegio... que un ángel baje del cielo para entender. El único uqe guarda las cuatro esquinitas que tiene mi alma Fecha: 26/03/2004 16:05. |
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